Logra envolver y asustar por partes iguales, gracias a que Traucki entiende que la clave del terror naturalista consiste en apelar al miedo instintivo que todos los seres humanos tenemos hacia los animales salvajes.
Esta es la premisa de una cinta frenética y ruidosa que extrae lo peor de los X-Men. En ocasiones, la cantidad de personajes y la complejidad de las historias hacen que la narrativa se vuelva intrincada y confusa.
A pesar de contar con un premio Nobel de literatura como guionista, un excelente director de fotografía y tres talentosos actores, la película del colombiano Ciro Guerra nunca logra despegar.
Es una película altamente disfrutable y llena de sorpresas, que viene a ser lo que Kiss debió haber hecho en 1978: Una película satánica, exagerada y en extremo graciosa.
Lo que no es tan bueno es la notable ausencia de momentos realmente graciosos. Se percibe más como un simple pretexto para llevar a cabo una secuela, en lugar de ofrecer una premisa interesante y original.
Es un trabajo que su director no se tomó en serio y que simplemente hizo para divertirse con sus amigos, pero que es fiel a las ideas y obsesiones que hacen parte de toda su filmografía.
Una cinta noble y emotiva. Las estupendas actuaciones de todo el elenco contribuyen a que los personajes se sientan como verdaderos seres humanos, permitiéndonos empatizar con sus dramas individuales.
Le sobran dos horas de metraje, lo que se traduce en un tremendo paso en falso. Se siente como tres horas de un psicoanálisis superficial, con situaciones que parecen salir de lo peor de Paulo Coelho.
Se perdonaría la falta de originalidad de 'El triángulo de la tristeza' si el resultado no fuera un plato pesado e indigesto, más pretencioso que honesto, al que le falta sentido del humor, así como la sutileza y el espíritu cruel y corrosivo.