A pesar de sus dificultades, 'You Can Live Forever' no tiene un latido constante, sino que late de manera vacilante y desconcertante, tratando de encontrar su propio ritmo vital.
Un largometraje extraño y sin una carga emocional, prácticamente tan distante de las sensaciones humanas que podría interpretarse como el delirio de una Inteligencia Artificial.
Apenas logra diferenciarse de la fórmula de 'Narcos'. La ética de los personajes es inconsistente, y se pasan por alto aspectos importantes de la trama, que se solucionan de manera conveniente.
Dafoe está cautivador como siempre, pero ni siquiera su presencia sigilosa y escurridiza puede salvar a la película de acabar convirtiéndose en una tortuosa prueba de resistencia.
Se trata de un thriller de ciencia-ficción canadiense que resulta ser un verdadero desastre. Es como una versión simplificada de 'Blade Runner' que no logra captar la esencia ni la complejidad de la obra original.
La secuela de Baruchel supera al film original de Dowse en varios aspectos. Presenta actuaciones sobresalientes y momentos de comedia que realmente brillan, aportando un entretenimiento contagioso.
La dirección de Thomas Napper en 'Widow Clicquot' no logra alcanzar las expectativas, y desde el principio, la producción se siente desubicada en su enfoque.
'Cube' se combina con 'Snowpiercer' y 'Ravenous'. La película es sorprendentemente brutal, con un enfoque satírico, y a la vez perversa y extremadamente entretenida.
Se trata de un proyecto tan grande, envolvente e impresionante como el que cualquier actor principal podría desear. Y Domingo lo convierte en una auténtica fiesta.
El director presenta formas innovadoras y despiadadas de eliminar a sus aliados, llevando su distintivo estilo de arte marcial silat a un nuevo nivel y trascendiendo la noción de venganza.
El trabajo de Hiraki destaca por su buena intención, pero hacia el final, la obra se vuelve confusa al añadir demasiados secretos familiares, lo que le quita claridad y coherencia.
Una vez que establece lo que está en juego, la película se instala con demasiada comodidad en el territorio de las máquinas de guerra, sin ninguna muerte especialmente inventiva ni sentido del estilo.
Alex Parkinson posee un control excepcional sobre los detalles logísticos de su arriesgada labor. Sin embargo, el director enfrenta desafíos al conectar los elementos técnicos con la dimensión emocional de la historia.