La película de García carece de vitalidad y se siente excesivamente rígida, como si cada acción estuviera meticulosamente colocada, pero sin presentar un alma propia.
Una película profundamente humanista que actúa como un implacable y oscuro exorcismo de las intolerancias familiares. D'Ambrose logra que el pasado se perciba de manera intensa, creando una atmósfera de apertura y conflicto.