La película inicia con un ritmo algo pausado y un exceso de momentos emotivos. Sin embargo, a medida que transcurre el viaje a Tibet, la acción se intensifica, resultando en una experiencia más dinámica y, en ocasiones, divertida para los más jóvenes.
Es una de esas películas que realmente funcionan para grandes y chicos. Es que los chistes son muy graciosos y dan lugar a un enorme atractivo visual, por momentos vertiginoso.
Lo mejor es la inmersión de Michael Douglas en el limbo cuántico, gran homenaje a 'Viaje fantástico' de Richard Fleischer, un superclásico del encogimiento. Las persecuciones de autos que se reducen y agrandan son memorables.
Lo que convierte a "Black Panther" en una obra única es la fusión de la estética africana con las fantasías propias de los cómics, creando una combinación original que se refleja también en la música.
Las locuras son incesantes, los efectos especiales alcanzan elevados niveles visuales, y Mark Ruffalo se luce como nunca cuando evita transformarse en el gigante verde Hulk, que casi es el que se roba este divertidísimo entretenimiento.
Cada tanto el letargo general explota a toda acción, sobre todo en las secuencias relacionadas con las carreras, pero la falta de inspiración del argumento es evidente.
Dreamworks presenta un film de animación que resulta atractivo tanto para los más jóvenes como para sus padres. La historia, basada en un libro, incluye elementos de humor absurdo y surrealista que capturan la atención de los adultos, mientras que su colorido, ritmo y personajes son ideales para el público infantil.
Este "Capítulo final" ofrece una buena dosis de acción sobrenatural en formidable 3D. Y, por supuesto, a pesar del título, el guión deja abierta la puerta para que la masacre continúe en futuras secuelas.
La película carece de un argumento sólido, pero la trama sobre un camión propulsado por un monstruo proporciona suficientes momentos cómicos y emocionantes, además de algunas intrigantes competencias de camiones.
La progresión pesadillesca siempre está acompañada por desaforadas explosiones multicolores que casi logran lo imposible: distraer al espectador de la pantalla de su smartphone.
La narración avanza de forma predecible, careciendo de fluidez debido a la abundancia de canciones que, aunque podrían tener un aire interesante en su estilo polinésico reinterpretado por Disney, perjudican la continuidad de la historia.