Vaughn aporta elementos distintivos que lo consolidan como el verdadero autor de esta película memorable, que resulta complicada de clasificar entre la comedia negra y el cine de superhéroes.
Una emocionante serie de secuencias de acción, excelentemente filmadas y actuadas, acompañadas por un guión que incorpora oscuros matices característicos del cine negro contemporáneo.
No se trata de una obra maestra del cine animado, pero su banda sonora, compuesta por canciones poco memorables para un público femenino y sus llamativos tonos rosados, logra mantener entretenidos a los espectadores.
Hiddleston, interpretando a Loki, demuestra su comprensión sobre la relevancia de esta serie para su trayectoria profesional. Su actuación es tan efectiva que, incluso antes de que finalice el primer episodio, logra que el espectador se sienta identificado con su personaje.
Los resultados son inconsistentes. Algunos personajes son estáticos y su diálogo resulta monótono, evidenciando que no todos tienen el mismo nivel de talento que Keaton.
A pesar de las astucias de estos realizadores, quienes han conseguido que Warner se interese en el proyecto, hay elementos positivos, como el humor sutil y la inteligente utilización del sonido, que probablemente fue una de las partes más costosas de la película.
El agitado movimiento de la cámara es más molesto que en las anteriores entregas de la saga. Aunque se presentan algunos momentos aterradores interesantes, la mayoría de estos ocurren hacia el final.
Secuela que resulta ser más absurda que la película anterior y carece de la gracia que se podía anticipar, considerando el talento que participa en ella.
Es un film modesto con algunas buenas ideas, y sobre todo un par de sustos realmente eficaces. Pero el guion da muchas vueltas y tiene una estructura cambiante que no ayuda al limitado presupuesto.
La apuesta se intensifica de manera tan absurda que, en ocasiones, resulta graciosa por lo surrealista. Sin embargo, esta risa no perdura debido a la monotonía del entorno.
Falta la truculencia ultragráfica que le daría verdadero sentido al desquicio de los protagonistas. Es decir, garra, gore, y verosimilitud, elementos que de todos modos no están ausentes del todo.
La reciente entrega de las Tortugas Ninja cuenta con la participación de Megan Fox y presenta una serie de secuencias emocionantes caracterizadas por la impronta del productor Michael Bay, aunque el resto de la película carece de interés.
La película presenta conceptos interesantes y visuales cautivadores que sorprenden y generan asombro. Sin embargo, su ritmo narrativo es inconsistente y carece de la acción necesaria para mantener el interés.