Lo que tiene esta comedia es el encanto de su descarada energía cómica. Que sea una energía localizada principalmente en un solo personaje, y que tampoco sea el principal -oficialmente, al menos-, no supone gran diferencia.
Mantiene el suspense al no limitarse únicamente al espionaje. Este relato abarca el drama de las culturas y las identidades perdidas, ofreciendo una propuesta realmente satisfactoria.