Las emocionantes vivencias de 'Todo comenzó por el fin' hacen que sea un verdadero placer imaginar que la conexión con el cine puede perdurar eternamente.
Una película desafiante, que se interpreta como un irónico comentario del director sobre el cine de autor de los años 60 y, a la vez, una farsa mordaz sobre el Hollywood de principios de los 70.
Es una hábil fusión de comedia y drama que se alinea con la obra de Eric Rohmer, aunque con un estilo que ya refleja la esencia única de la directora francesa.