El buen guion de Towne y la presentación de unas potentes interpretaciones secundarias complementan la estética visual de Tony Scott, permitiéndonos experimentar el salto de fe necesario para alcanzar este nivel.
Sería más divertida y provocadora si se posicionara más firmemente a favor de uno u otro bando, pero Howard opta por arriesgarse y elige un final que celebra la hermandad.
Una película audaz, estridente, intencionadamente agresiva, que retrata una versión adulta del mismo mundo decadente que Stanley Kubrick presentaba en 'A Clockwork Orange'.
En esta divertidísima comedia de Rodney Dangerfield se evidencia un cambio significativo en el personaje, algo que ha transformado esta pequeña película en un gran éxito.
El secreto del guion revelado en esta obra radica en proporcionar a los actores el espacio necesario para que puedan sumergirse en sus personajes. Esto permite que el espectador se conecte de manera más profunda con la historia.
Se apoya en la sorpresa y la admiración que genera la magia del cine. Mandel consigue capturar ambas y crea la primera 'pequeña' película entretenida de 1986.
Tiene la energía y la espontaneidad de una película con ritmo. Al material le sienta de maravilla, porque elimina la sobriedad que podría estropear un clásico instantáneo.
El punto fuerte de la película es la aparente facilidad del director Jim McBride para presentarnos una Nueva Orleans más malévola y embriagadora que la trampa para turistas que algunos creen que es.
En la actualidad, los aficionados a la comedia no tienen muchas opciones. Woody Allen es nuestro único referente. Por eso, esperemos que cuide su salud.