Shim Eun-kyung ofrece interpretaciones notablemente distintas en tres de las narrativas, destacando con una habilidad que no siempre logran alcanzar sus directores.
El retrato que hace Li Ruijun de la China provincial es su trabajo más impactante. Cargado de emoción, esta obra se destaca por la dedicación en su realización y la perfección en la estética de tonos cálidos.
Un testimonio del don de Tseden para contar historias profundamente arraigadas en la cultura tibetana, pero que conservan una visión cinematográfica totalmente universal.
La fotografía de Zhang Jiahao crea una atmósfera helada y distante ante los personajes, utilizando espejos de manera astuta para explorar identidades y perspectivas.