Cooper presenta un retrato sombrío de la otra cara de la sociedad estadounidense, explorando sin tapujos la violencia y la degradación en el corazón de Norteamérica.
Es una película con un fuerte mensaje feminista, presentada a través de una ironía seca y austera. La narrativa es profundamente humana y completamente creíble, culminando en un final que trasciende el sarcasmo previo.
Cuando la película se vuelve excesivamente didáctica y seria, el ritmo se reduce y la atención se dispersa, lo que afecta negativamente la tensión dramática.
Una película que se narra de manera efectiva, con una perspectiva que busca ser integral, contemporánea y adecuada en cuanto a temas sociales, aunque podría haber ciertos matices de prevención.
La película se presenta como un thriller político con toques de melodrama, pero se centra principalmente en la acción. Sin embargo, el guion parece haber sido elaborado de forma apresurada, lo que genera ciertas confusiones en la trama.
Bajo la dirección de Arriaga, los actores parecen perderse en sus interpretaciones, ya que no logran transmitir autenticidad en ninguna de sus escenas. La acumulación de calamidades en el melodrama podría haberles sobrepasado o, simplemente, no se convencen de la historia.