'Out of Africa' es absolutamente formidable. La producción es de tal calidad que resulta imposible no sentirse agradecido por este extraordinario regalo visual.
Davis y Sarandon muestran una química deliciosa y una autenticidad que permiten al espectador conectar con ellas en cada instante. El desenlace, por su parte, es realmente memorable.
Esta innovadora y enorme película permite entender por qué esta guerra destruyó la esperanza y los sueños de los jóvenes americanos y por qué dejó a muchos de ellos devastados y alienados de la sociedad.
Uno se mantiene desapegado de los personajes, pero Scorsese consigue romper todos los estúpidos mitos románticos sobre la mafia con este retrato impactante, vigoroso y honesto.
No es una película; es una experiencia. Un pequeño grupo de intelectuales creerá que Kubrick ha dicho algo, simplemente porque es lo que se espera de él. Otros acabarán decepcionados.
Aborda su tema de una forma tan infantil y superficial que está claro que los productores sólo tenían prisa por sacar provecho de la nueva ola de patriotismo al estilo 'Rambo' de Hollywood.
La Motta es un personaje monótono. No se puede negar el poder emocional de estas escenas, pero uno desea que Scorsese termine su viaje de culpa italoamericano y deje de presentar personajes malhumorados y autodestructivos.
La secuela es, por lo general, un show de miedo bastante mecánico, lleno de fantasmas sonrientes que son definitivamente macabros pero poco amenazantes.
Una película cautivadora que se atreve a explorar las alegrías y frustraciones de la relación entre madre e hija, en una época donde las típicas producciones de Hollywood suelen centrarse en temas tecnológicos.
Nicholson brilla en pantalla con una actuación impecable, tanto en ritmo como en comprensión del personaje, lo que debería hacer que muchos actores de Hollywood reconsideren su formación en interpretación.
La película simplifica un problema serio: el preocupante crecimiento de los traficantes en Miami. La representación de [Montana] se convierte en una mera caricatura, sirviendo como justificación para que De Palma muestre su habilidad en la creación de escenas de tiroteos.