El debut de Gordon como director de largometrajes trasciende su enfoque en la obsesión por los videojuegos, convirtiéndose en una reflexión sobre los elementos necesarios para alcanzar el éxito en Estados Unidos.
Ozon sigue demostrando su maestría al crear momentos impactantes a partir de frases y situaciones que parecen insignificantes, así como de momentos inquietantes en las ambigüedades de la vida diaria.
El control de la cultura popular es el núcleo de esta película de Gondry, y resulta complicado imaginar a alguien que maneje esta temática con un enfoque tan seguro y ligero.
Paltrow presenta una estética visual atractiva. Sin embargo, sus intentos de humor más ligeros a veces provocan situaciones que resultan demasiado serias.
Los actores se ajustan a la gravedad de su entorno, Robbins equilibrando la ira escondida con el dolor evidente, Penn capturando hermosamente a un hombre que ha luchado para alcanzar la bondad.
No se trata tanto de analizar las relaciones entre hombres y mujeres, sino más bien de investigar los límites de lo que puede ser introducido en el cuerpo femenino.