Lo que da a 'Mad Men' su chispa es que jugar forma parte del trabajo, las bromas sexuales aún no son acoso, y Estados Unidos está libre de auto-duda, culpa y confusión contracultural.
Cualquier serie que pueda tener cabida para crueldad decadente, valor trágico, y divergencias políticas, debería ser vista, con o sin naves espaciales.
Hasta ahora, el seaQuest no ha logrado el tipo de tramas extrañamente intrincadas y engalanadas que convierten a las series de Star Trek en objeto de culto.
Abrams destaca en su habilidad para captar el interés del público ante personajes y situaciones que, en un principio, podrías creer que te resultarán indiferentes.
Abrams y Lindelof han creado una de las pocas series de esta temporada que al terminar su primera hora me dejaron con ganas de ver el siguiente episodio.
Es más extravagantemente entretenida de lo que debería ser. Dirigida por Curtis Hanson, lo que podría haber sido un relato soporífero se transforma en una experiencia cercana al thriller.
Thomas Jane es una revelación; interpreta el infortunio sin esperanza sin resultar endeble, y su incomodidad inicial como gigoló profesional es cautivadora. Sin embargo, el tono incómodo de 'Hung' puede volverse frustrante.