Su mayor parte es música de cámara cinematográfica, ambientada en casas, restaurantes y oficinas; en una espectacular secuencia al aire libre, Ozu sugiere que la propia naturaleza está de acuerdo con el amor verdadero.
La simplicidad irónica y vulnerable de los números musicales y las rutinas cómicas sugiere no sólo un musical realista, sino no teatral; las payasadas encajan con el drama no sólo a nivel de tono o estilo, sino conceptual.
La película se siente auténtica; sus detalles son casi palpables y su diálogo, agudamente crítico, revela una conexión profunda con la experiencia audiovisual, emocional e intelectual del autor.