Película grandilocuente, nada reflexiva, tiene no obstante la fuerza de Stone, un magnífico contador de historias, así como el impulso de su ingenuidad y su optimismo.
Un laberinto de sensaciones. Espectacular sin paroxismo, íntima sin ñoñería. El retrato de un hombre frente a sí mismo, ese Joe compartido entre Willis y Gordon-Levitt.
Filme para fans con el Smith más básico. La trama es enrevesada, donde la espectacularidad sustituye a la narración, pobre, forzada y deficiente. El resultado es un sinsentido entretenido y competente.
Una aventura épica. La cámara permanece en constante movimiento, transmitiendo una sensación de grandeza, acompañada de una música igualmente grandiosa. Es necesario destacar, una vez más, a Milady (Green); la película realmente le pertenece.
El director intenta fusionar la esencia de Stephen King y Los Goonies con un ligero aire de 'Verano azul'. Sin embargo, el resultado se presenta como excesivamente complicado para los niños, y a su vez, carece de la inquietud y profundidad necesarias para atraer a los adultos.
No es necesario haber visto la primera parte para comprender la historia; ni siquiera esta secuela requiere una trama compleja. El humor es inocente y un tanto grosero, lo que a veces provoca una sonrisa y en otras ocasiones causa vergüenza.
Thriller inquietante y juguetón, que se inscribe en la mejor tradición del thriller negro, con escenas de suspense realmente impactantes. La incomodidad se incrementa de manera constante.
Más allá del género de ciencia ficción de ideas, la verdadera fuerza de 'Orígenes' radica en la historia que se desarrolla dentro de la narrativa principal.