Una batalla de sexos carente de emoción, que se siente más como una telenovela sin vida. La historia de Mary Shelley y su famoso monstruo merece un tratamiento mucho más digno.
El director de fotografía Jean-Marie Dreujou logra magistralmente despertar todos los sentidos, su cámara capta los elementos familiares de Aix-en-Provence que parecen salir de los lienzos de Cézanne.
Dick y las productoras Amy Ziering y Amy Herdy comprenden la importancia de enfocarse en un grupo de personas intrigantes que comparten su dolor personal.
La narrativa sobre las dificultades y desafíos de una prostituta en Londres resulta ser una melodía sombría, intercalada con solo unos pocos instantes de humor.
La trama podría considerarse comparable a un drama policial convencional de televisión. Sin embargo, en esta ocasión, la acción tiene un peso mayor que el diálogo, y Seagal logra expresar mucho con su presencia.