James Cameron, al igual que en 'Alien', ha regresado para dirigir una secuela de esta destacada película de ciencia ficción, logrando un resultado que es, en muchos aspectos, aún más asombroso.
Un drama intenso, esquemático y maravillosamente elaborado sobre la guerra de Vietnam. El guion presenta un lenguaje coloquial vívido y muy explícito que añade una gran dosis de impacto a la película.
Tim Burton logra capturar de manera efectiva la estética del cómic de Bob Kane, mientras establece un universo onírico y perturbador que es distintivo en su obra.
James Stewart ofrece una actuación impresionante como un abogado-policía que enfrenta su lucha contra la acrofobia, apareciendo casi en cada escena de la película.
'Point Break' se asemeja a una ola colosal y perturbadora que atrae a los espectadores con sus intensas emociones, solo para terminar arrastrándolos hacia el absurdo y el exceso.
Hitchcock muestra su habilidad al dirigir su primera película en Estados Unidos, demostrando un profundo entendimiento de las motivaciones de los personajes y del ambiente que rodea la trama.
Es un western entretenido y emocionalmente envolvente. No obstante, aunque es una película que se puede disfrutar, no desarrolla todo el potencial inherente a su historia.
La dirección es sobresaliente, con un rodaje completamente al aire libre. La cinematografía es impecable y la actuación de Toshiro Mifune brilla con especial intensidad.
Las situaciones se integran de manera precisa y siempre parecen verosímiles. Aunque el desarrollo pueda ser inesperado, sigue una lógica adecuada. El diálogo refleja honestidad, realismo y madurez.
Jack Arnold aprovecha al máximo los elementos aterradores, logrando así un gran impacto. Por su parte, el equipo técnico ha realizado un trabajo excepcional.
El enfoque de Clouzot en el terror y la desilusión humana le resta autenticidad a la película. Su esposa, Vera, ofrece una actuación que es notable, aunque algo inconsistente.
Dassin ofrece una visión inteligente de París, cuidando cada detalle de sus calles y la atmósfera que en ellas se respira. La edición brilla tanto como la impresionante fotografía de Philippe Agostini.