Es un falso documental que se desarrolla en un retiro de verano para jóvenes actores. Aunque resulta entretenido, su ritmo decae en los últimos momentos.
El análisis profundo de Ava DuVernay acerca de la conexión entre la esclavitud y el sistema de justicia penal en Estados Unidos está repleto de conceptos y datos.
El enfoque directo y en ocasiones brutal no siempre se armoniza con la trama, lo que puede resultar un poco desubicante. Además, la película presenta una duración que podría considerarse excesiva.
Este retrato cautivador revela la combinación de toxicidad y atractivo, así como la duplicidad y honestidad que convierten a Stone en una figura tan complicada y poderosa en la política estadounidense. Su presencia es asombrosa, incluso temible en ocasiones.
Es desafiante. Casi todos los personajes son superficiales y no sucede nada significativo. Aun así, la película tiene algo atractivo en su banalidad vidriosa.
El vibrante ritmo y la intensidad de la historia aseguran que la energía se mantenga alta a lo largo de toda la película, donde cada imagen refleja una vida intensa en el contexto del negocio de la muerte.
Perry impregna la historia con su habitual torpeza melosa, resultando en un filme denso y cargante. Las actuaciones son extremadamente variables, lo que no contribuye a mejorar la situación.