Jack Nicholson es la fuerza impulsora de esta película, respaldado con sutileza por el resto del elenco, quienes aportan con su talento a la atmósfera general de la historia.
Hay cierto ingenio salvaje y a veces surrealista en esta historia anárquica de violencia y venganza; es un debut atractivo. Podría convertirse en una obra de culto.
La falta de originalidad en la premisa se ve acompañada por un guion que toma libertades narrativas para mantener la tensión junto a los elementos grotescos.
Una endiablada y atractiva historia de traición e intriga de la vieja escuela que transcurre a toda velocidad a lo largo de sus casi tres horas de duración en una ráfaga de esgrima, trajes gloriosos y disfraces faciales de goma protésica.
Una emocionante incorporación a la saga. Wes Ball aporta frescura, nuevas ideas y una magnífica producción técnica a esta superproducción veraniega de gran calidad.
Aunque la historia se basa en hechos históricos y es específica de su época, hay pocas películas, contemporáneas o no, que capten con tanta claridad los síntomas distorsionadores y debilitadores de la depresión como enfermedad.