En su búsqueda de seguir el ejemplo de 'Paddington', los directores Josh Gordon y Will Speck pierden la esencia de las películas de King: no solo son tiernas y emotivas, sino que también son grandes muestras de economía narrativa.
Sabe cómo sacar partido a sus protagonistas. Sin embargo, como muchas otras películas de este tipo, el resultado final es moralmente simple y dramáticamente soso.
Huele un poco a corporativismo, pero si estás dispuesto a pasar por alto eso y a disfrutar de un poco de palabrería tonta, te lo pasarás bien. Sin embargo, no esperes que sea brillante.