Los terremotos industriales y los cambios de rumbo han dejado su marca en la producción. Se nota la influencia de los reshoots, y el desarrollo resulta confuso. Aunque intenta mantener el tono festivo de la entrega anterior, parece que nadie está dispuesto a disfrutarlo.
Apela a tantas neurosis de nuestro presente que podría ser una sátira perfecta. Como no sabe que puede serlo, y parece vivir en la inopia, se contenta con ser un atolondrado síntoma de tantos.
Retrotrae a las películas más desastrosas de DC. De Liga de la Justicia para abajo. Es, en efecto, una película muy mala. Incluso terrible, y en ciertos compases difícilmente soportable.
Hay tantísimo esfuerzo y tanta disposición para probar nuevas ideas y enfoques interesantes, que a veces da la impresión de que al director le interesa más demostrar su habilidad como cineasta que cuidar su obra.
Una comedia poco inspirada que pone de manifiesto las dificultades del cine español para alejarse de la sombra de 'Torrente'. Leo Harlem encarna al líder de una familia multicultural, utilizando este contexto como mera excusa para una serie de chistes racistas que claramente siguen la línea de Santiago Segura.
Siempre nos queda la retórica. La asunción de que existen ciertos ingredientes oficiosos que garantizan la distinción frente a otras franquicias de monstruos amables.