Un ejercicio de cinematografía absolutamente fino. El manejo exacto del lenguaje cinematográfico con el firme propósito de molestar a quién se deje. Una maravilla.
Carece de la profundidad y el corte fino del filme sueco, pero las tremendas actuaciones, así como el guion, hacen de esta una experiencia interesante y divertida, aunque nunca tan oscura y peligrosa como la cinta original.
Una idea interesante que sin embargo no termina de cuajar nunca. La cinta no resulta ni lo suficientemente chistosa ni lo suficientemente profunda como para que el tema sea tomado en serio.
Con instantes de humor, resulta en una pieza interesante sobre mujeres que se perdonan, que se reencuentran, que no se dejan vencer ni por la enfermedad ni por la tristeza.
Los mejores momentos de esta cinta son aquellos donde todo se hace en pos de un chiste. Esto provoca que la película se sienta vacía, mucho más vacía que las originales.
El resultado es una tibieza inusual en el cine de Estrada. Es una comedia que se extiende más de lo necesario, predecible y con un humor escaso y simplón. Lo único que la salva son las buenas actuaciones.
Una serie que mediante un drama equilibrado y muy bien actuado, muestra cómo los doctores de los hospitales públicos se desviven por hacer su trabajo, cuestionando siempre las malas condiciones laborales y la presión a la que están sometidos.
Se trata de una película de buena manufactura y buen ritmo. Una B movie con presupuesto que hace un uso inteligente de sus propios clichés, buscando siempre emocionar sin atentar contra la inteligencia del respetable.
Con uno que otro momento bien logrado, lo más destacable es la participación de Luis Felipe Tovar, quien con apenas un cameo (como un inteligente ladrón), se roba la película. Su personaje bien vale un spin off. Yo lo vería.
Mientras Tom Hardy se divierte, nosotros como público debemos soportar 97 minutos de este desconcertante contenido y escenas de acción confusas, en una de las películas de superhéroes más decepcionantes que he visto.
Aunque el director demuestra habilidad en el montaje, el guionista, el mismo Blakeson, cae en la condescendencia y muestra un excesivo afecto por su despreciable protagonista. La película merecía una dirección más adecuada.
Cumple con su objetivo de provocar enojo en sus espectadores, aunque le falta colmillo y determinación para hacer una crítica contundente sobre la actual sociedad estadounidense.
Es un elegante, divertido y soberbio muestrario de su filmografía y de su visión del mundo: un lugar hostil, impredecible, lleno de absurdos y mala leche.