Emotiva y sutil, esta obra se sitúa entre 'Kramer contra Kramer' y 'Donde viven los monstruos', explorando de manera efectiva las complejidades de la sensibilidad infantil.
Una devastadora mirada a lo que queda cuando el amor se termina. Su elegante puesta en escena crea una atmósfera incómoda y claustrofóbica, reflejando la inteligencia del cineasta y su perspicaz observación de la naturaleza humana.
El guión es sencillo pero mordaz, acompañado de interpretaciones sobresalientes de los actores argentinos. La película logra arrancar sonrisas, aunque la impresión que deja es la de una obra liviana, una experiencia agradable sin grandes pretensiones.
A pesar del esfuerzo de actrices como Bárbara Goenaga y Klara Badiola, la película deja una sensación constante de insuficiencia y de que no alcanza su verdadero potencial.