Parece que a Sam Raimi y a Robert Tapert, productores de la serie, se les ha olvidado dotar a Xena del buen rollo que predominaba en la serie de Hércules.
Funciona como una comedia entretenida porque su estrella, Sorbo, se lo pasa en grande con su papel. Ni él ni los productores se toman en serio al personaje o su contexto.