El productor J.J. Abrams nos entrega una espeluznante y sangrienta historia acerca de un grupo de soldados que se enfrentan a horribles experimentos nazis. Hay que reconocerla por lo que es: una divertida cinta de serie B.
Logra ser tremendamente entretenida gracias a su ejecución y a unos personajes femeninos de armas tomar que se alejan de la clásica damisela en peligro a la que los Westerns nos tenían acostumbrados.
Su modesta historia de caída y redención logra tocar las fibras más profundas, posee un espíritu noble y nos muestra esa maraña de emociones encontradas que hacen parte de nuestra efímera existencia.
Puede que esta trilogía no sea un "clásico del terror", pero sí llega a ser un trabajo muy divertido y superior a muchas cintas mediocres del género que abundan en las salas de cine.
Una película con una premisa compleja que se reduce a personajes superficiales y estereotipados, que desespera más que llegar a asustar y que carece de la acción necesaria para convertirse en una película de venganza.
Bernardeau muestra un carisma similar al de Guy Williams, lo que contribuye a que la historia funcione. A pesar de no ser la mejor producción, tiene su atractivo y no debe ser completamente descartada.
Aunque no se considera una de las versiones más destacadas de la famosa historia, los nuevos Tres Mosqueteros presentan un toque de intriga y romance, junto con secuencias de acción bien ejecutadas.
Mantiene el tono y la intensidad de su predecesora. Se le agradece al director que las escenas de lucha se realizan de manera artesanal, evocando el estilo del pasado.
Lo que de verdad hace que La princesa valga la pena es observar a esta joven empoderada y luchadora, dándole su merecido, de la forma más sangrienta posible, a esos machos que la subvaloran.
Esta película necesitaba un humor más oscuro, así como más escenas que realmente asustaran. También habría sido interesante incluir referencias y guiños a otras películas del género para atraer más a la audiencia adulta.
Se le abona a Beltrán la atmósfera tenebrosa lograda en su 'Llanto maldito' y los sobresaltos efectistas que harán brincar de su silla al espectador desprevenido.
La preferencia por el efectismo de Pesce termina convirtiendo a 'La maldición renace' en un trabajo menor. Sin embargo, eso no implica que no cumpla con su propósito de asustar, ya que lo logra de manera bastante efectiva.
Una serie de pésimas actuaciones, diálogos insulsos, momentos soporíferos, intentos efectistas de sobresaltar al espectador, situaciones absurdas e inverosímiles y una completa falta de carisma y empatía por parte de los protagonistas.