John Huston y Burt Lancaster se enfrentaron en este western, donde el director buscaba resaltar el psicodrama mientras que el productor y actor requería un éxito dentro del género. Estas tensiones se manifiestan en el tono variable de la película.
Gana puntos por su diseño de sonido, su inquietante paleta de colores, un reparto talentoso y efectos especiales impresionantes. Sin embargo, no logra generar auténticos momentos de miedo.
La película resalta por la impactante cinematografía de Alberto Rodríguez. Aunque la directora intenta abordar temas ambiciosos, el ritmo resulta complicado y la metáfora del pintor casi ciego capturando una cultura en declive se vuelve difícil de comprender.