Newell conserva los componentes esenciales de la trama y de los personajes principales, junto con los detalles genuinos de la época, logrando, a pesar de ello, ofrecer una experiencia cinematográfica fresca.
La dirección de Branagh es impecable, con acrobacias y escenas de acción que destacan. Los momentos de suspense están bien logrados, y las secuencias ambientadas en Moscú son simplemente impresionantes.
Los guionistas que llevan la rienda de sus narrativas complejas suelen estar tan inmersos en el contenido que les resulta difícil explicarlo claramente al público.