El dúo, nominado al Oscar, ofrece buenas interpretaciones en una pequeña y divertida película que no es especialmente esclarecedora, pero que no resulta exigente.
Si el público es capaz de mirar más allá de su concepción sensiblera, no cabe duda de que este retrato imperfecto de un niño autista y de los intentos de su familia por darle una buena vida le aportará ciertas ideas.
Chris Evans y Emily Blunt se esfuerzan al máximo, pero no consiguen quitarse de encima la sensación de que se están disfrazando de ejecutivos malvados.
Una película digna de ser disfrutada por el público del cine de autor. Incluso podría gustar a un público más amplio por sus rasgos de género, su complicada dinámica estructural y el impactante mensaje que encierra la historia.
El filme carece de las iconografías esperadas, como maletas amontonadas, zapatos, cámaras de gas, cuerpos sin vida y prisioneros exhaustos en trajes de cárcel. Elementos como el alambre de espino también brillan por su ausencia.
No es del todo una chapuza. La investigación es exhaustiva y admirable y, a pesar de la presentación, las anécdotas resultan interesantes, ya que se trata de una faceta de Amsterdam que la mayoría de los espectadores desconocen.
Guiraudie trabaja en varios niveles de tensión al eliminar la exposición y los flashbacks de su narrativa, logrando una impresionante construcción económica.
Chris Andrews logra crear una atmósfera adecuada para la historia y muestra habilidad en las secuencias de acción. No obstante, su capacidad para desarrollar la trama dramática y los personajes necesita mejora.
Es intensa y recargada, pero en conjunto, se percibe el surgimiento de una nueva voz extraordinaria en el cine y un cambio significativo para el futuro de la cinematografía en India.
En su estilo minimalista y su presentación austera del pasado, evoca a 'Medea' de Pier Paolo Pasolini, y estamos seguros de que el homónimo de Uberto Pasolini le daría su visto bueno.