Rupert Wyatt afirma que su obra de ciencia ficción está cargada de un comentario social, mencionando a Philip K. Dick, así como a las notables películas de Melville y Pontecorvo. Sin embargo, no logra alcanzar el nivel de estos referentes.
El problema radica en todo lo que no involucra a Boon; la película presenta un chiste singular que no se desarrolla ni se enriquece. Boon merecía un proyecto cómico que estuviera a la altura de su talento.
La excepcional Josiane Balasko encarna al personaje materno. Para que la película funcione, es esencial que el guión esté a la altura y que el director sepa manejar los excesos, lo cual ocurre en esta ocasión.
Uno de los relatos más directos de Hong Sang-soo, que sigue demostrando su habilidad para capturar objetos y situaciones cotidianas con la sensibilidad de un poeta de rima libre.
A pesar del esfuerzo del actor principal, el filme no logra captar la atención del público debido a su predecible narrativa y personajes que parecen sacados de un mal guion.
El director muestra un profundo conocimiento en su obra, permitiéndonos vislumbrar una casa que, en condiciones normales, permanecería cerrada para un occidental. Aunque Dag fue alumno de Haneke, su enfoque se aleja del análisis crudo y se inclina más hacia una perspectiva humanista.
A pesar de la cercanía entre los personajes, la película presenta escasos diálogos y una abundancia de primeros planos silenciosos. Este enfoque narrativo, similar al estilo de ciertos festivales de cine, resalta la habilidad de Collel en su trabajo.
Orr amplía un corto previo con los mismos protagonistas, ofreciendo un documental de seguimiento. Explora la intimidad familiar de manera cercana y significativa.
La película resulta totalmente predecible, careciendo de cualquier tipo de tensión dramática. Su narrativa es monótona y menos interesante que su propio diseño.
La película se desarrolla en un entorno marcado por la muerte, donde dos talentosas actrices se enfrentan en un duelo que promete ofrecer una profunda catarsis a la audiencia.