Esta película de Akin no se destaca por su solidez. Sus debilidades son bastante claras. Sin embargo, presenta una ambigüedad perturbadora al situar la corrección y la incorrección política en un mismo plano moral.
El director Martin Campbell, reconocido por su trabajo en películas de espías, muestra eficacia y en ocasiones destellos de creatividad, aunque no arriesga demasiado. Esto resulta en un filme que tiene como único objetivo realzar a su elenco.
Los primeros 40 minutos de 'El amante doble' demuestran una habilidad excepcional para establecer y aumentar la tensión, pero el inconveniente es que la película se extiende a 107 minutos.
Esta película destaca entre las anteriores, ya que irradia una esperanza que puede considerarse cristiana, similar a la del neorrealismo italiano. Es, sin lugar a dudas, cine de primera calidad.
El relato impulsa a identificarse con Marina de una forma intensa, promoviendo la tolerancia y la comprensión. Se siente como un esfuerzo arduo realizado con firmeza, aunque su relevancia final puede ser cuestionable.
'Amour' es una de las pocas obras de Haneke que evita las explicaciones deterministas y se adentra en una realidad que todos enfrentamos pero preferimos ignorar: el inevitable paso de la muerte en la vejez.
'Carne de perro' es una obra significativa, incluso esencial, aunque podría alcanzar un mayor impacto si se liberara un poco de sus propias convicciones.
La película comienza con un enfoque sincero, pero alrededor de la hora se torna desoladora. Su desarrollo se vuelve confuso y los últimos mensajes parecen carecer de peso. La esencia original se desvanece y la inocencia pierde su significado.
Hay una enorme autoindulgencia, que por momentos es difícil de tragar. Pero un montaje ingenioso, picaresco -uno de sus rasgos de estilo, en la ficción y en el documental- recuerda a cada momento que allí está Agnès Varda.
No se trata precisamente de un homenaje, aunque puede dar esa impresión. En realidad, es un análisis de por qué una forma de arte puede sobrepasar a quienes la crean, llevando sus vidas a una condición casi trágica debido a ella.
Este tipo de fascismo es repugnante, se revuelca en la suciedad con un aire de desprecio, como si el mal mereciera más repudio al estar inmerso en la podredumbre. Al final, la trayectoria de Mel Gibson en el cine quedará en el olvido.
A medida que la película se acerca a su desenlace, se hace cada vez más claro que tiene problemas para ofrecer imágenes coherentes. La tensión se transforma en un intercambio verbal y académico.
Los elogios de esta película deben dirigirse al director David Koepp. Agradezcamos a Hollywood por brindarle oportunidades a su talento más destacado y no solo a aquellos que generan grandes ingresos.
Un cine que busca conectar con el público pero se pierde en un sinfín de repetidas imitaciones, dejando solamente un par de momentos visuales destacables.
Su fortaleza radica en explorar la tensión; cuando se enfoca en este aspecto, la película no destaca por su esplendor, pero sí resplandece de una manera diferente. Será interesante observar el futuro de Espinosa en su vertiginosa carrera.
Es posible que Bollywood logre un lugar en Occidente. Sin embargo, el proceso ha sido arduo, lo que lleva a cuestionar si las particularidades culturales de la India podrán ser entendidas y apreciadas fuera de su propio contexto.
Es un cine fatalista, sombrío, determinista y doloroso, que solo puede ofrecer unos segundos finales de esperanza a condición de que sean, como en este caso, filmados de forma memorable. Un gran cine.
Si la prueba para medir la solidez de una película es la segunda visión, esta no la supera. A la segunda visualización se hacen evidentes sus fallas y trucos. Es un filme que supone que la audiencia no volverá a verlo. Quizás tenga razón.