La directora Kathryn Bigelow exhibe un entusiasmo militarista similar al que mostró en su exitosa 'Vivir al límite'. Sin embargo, la trama no se centra en eso, sino en el laberinto personal que atraviesa una mujer mientras enfrenta sola a inteligencias masculinas altamente entrenadas en la violencia.
J.J. Abrams no es Lucas. Aunque haya logrado revitalizar 'Star Trek', Abrams no posee la misma astucia narrativa ni la profundidad psicológica que permitieron a Lucas cerrar la serie con la oscura y casi nihilista tragedia de 'La venganza de los Sith'.
Lo que queda de 'Ant-Man: El hombre hormiga' es, al fin, un cierto sentido del humor reflexivo, es decir, un toque de burla hacia el mundo de los superhéroes, la superchería científica y el propio hormiguismo como principio cósmico.
El discurso de Godard, si se le puede llamar así, ha transicionado de una perspectiva socialista a una anarquista. Sin embargo, su significado trasciende lo político y se adentra en el ámbito epistemológico. Se ha transformado en un veterano que, aunque ya no es lírico, se presenta como un nihilista dentro de la historia del cine.
'Gravedad' se destaca como una de las más relevantes justificaciones del 3D como una forma válida de cine, además de ofrecer una experiencia visual extraordinaria.
Una acumulación de estruendo, masas de metales volantes y decenas, si no centenares, de edificios colapsados. Y una inmensa reunión de escombros, que ocupa la mayor parte del metraje y es como la metáfora de la película. Un gran escombro con un solo Dios final: la taquilla.
Lo más destacado es ese humor cruel y cínico que surge del verdadero tema de la película: el funcionamiento de una ginecocracia. Este enfoque, al igual que otras triquiñuelas, parece justificarlo todo. Es Verhoeven en su esencia: un pícaro con un agudo sentido del humor.
Tom Carthy dirige con una maestría casi imperceptible en la construcción de la narrativa, como si los elementos cinematográficos se adaptaran al flujo natural de los acontecimientos. Esta confianza en su dirección permite que la multiplicidad de personajes no se transforme en un caos.
'El club' es probablemente la película más efectiva de Pablo Larraín. Su narrativa es concisa, tensa, incisiva y dinámica. No hay un instante de descanso, ni un segundo en que la tensión pierda su presencia en la pantalla.
La cinta no ofrece respuestas. Y por eso, a pesar de sus apariencias, es una obra cuyo motivo central no es el abuso religioso ni la complicidad de la Iglesia, sino el miedo, ese pavor paralizante, interior e inexplicable, que recorre sus mejores momentos.
Es difícil acusar a esta cinta de algún exceso de patetismo. Por el contrario, hay un visible esfuerzo de contención en los momentos más perturbadores. Sus excesos van, al revés, por el lado del sentimentalismo.
Sachs encuadra con precisión, a veces incluso con inspiración. Narra de manera concisa y no pierde el enfoque al equilibrar la amistad infantil con el conflicto de los adultos.
Hay que tener una convicción estética muy singular para filmar de ese modo tan elusivo, tan poco complaciente y tan seductora en su manera de envolver al que mira.
El cineasta Mike Flanagan muestra falta de originalidad en la resolución de los momentos de terror, aunque demuestra gran habilidad para crear atmósferas inquietantes.
Zemeckis se destaca como uno de los cineastas más respetados del cine comercial estadounidense y es posiblemente uno de los más exigentes consigo mismo. 'Flight' marca su retorno al cine en vivo, y lo hace de una manera valiente, intensa y memorable.
Su tensión y su nervio cinematográfico, evidentes en los planos cercanos y el uso de cámara en mano con encuadres precisos, junto a la habilidad para crear conflictos a partir de situaciones mínimas, son aspectos que destacan en su esencia.