Con poco interés en elucidar el conflicto que presenta, mucho menos en distinguir entre los varios grupos somalíes en juego, es una lección de Historia salvajemente inadecuada: a fin de cuentas, es un tonto blockbuster
La película mantiene su encanto mordaz, en gran parte gracias a la enérgica Rampling, cuyo personaje de reina de hielo combina el humor seco y la tragedia.
Unicorn Wars es una obra de provocación forzada que intenta apelar a la sensibilidad del espectador, sacrificando así la oportunidad de llevar a cabo una exploración más profunda sobre la masculinidad y el poder.
Eidinger destaca el trágico absurdo de los hombres que obedecen órdenes ciegamente. Su actuación logra equilibrar los torpes cambios de tono de la película.
El enfoque ligero y original de Bao no sucumbe ante una visión Occidental ni ante el mito de la minoría modelo. Se centra en lo básico de la comedia de acción y funciona.
La historia es la típica y algunos intentos de emocionar resultan terriblemente forzados. Sin embargo, Wahlberg y compañía consiguen mantener el interés, y no sólo gracias a que haya un lindo perro en escena.
Lástima que los realizadores piensen que cuanto mayor sea el espectáculo, más poderosamente se comunicará este torbellino de política y emociones. Ocurre todo lo contrario.
Es difícil creer que la Moreno radiante que vemos aquí alguna vez estuvo sosegada. Aunque ese contraste es precisamente lo que hace que su historia sea estimulante e importante.
La frenética construcción del mundo de la película acaba por adormecer, en parte porque los desiguales dramas humanos pierden fuelle entre tanta conmoción.
Los métodos caóticos y mareantes de Jensen consiguen una oda dinámica y conmovedora a las dificultades de encontrar las vulnerabilidades para superarlas de verdad.
La actuación de Lily James y la cautivadora trama hacen que la película sea fácil de seguir, pero la replicación de Wheatley flaquea en los aspectos más fundamentales.