¿Es una película de terror? ¿De misterio? ¿Un thriller? Hay de todo eso aquí, pero la película desafía la categorización fácil, y su ambiente minimalista y su enfoque basado en metáforas no será del agrado de todo el mundo.
Lo mejor que puedo decir sobre ella es que nunca afloja el ritmo. Sin embargo, su velocidad constante hace que no se enfoque en ningún aspecto en particular.
Keery lo hace muy bien, pero no hay nada divertido en verlo interpretar a este maníaco, ni tampoco en disfrutar de la experiencia que ofrece la película.
Aunque la fórmula de los estereotipos sea bastante conocida, funciona por una razón: cuando se ejecuta con tanta alegría y cariño hacia los personajes, resulta imposible no sonreír.
Un drama convincente que ofrece otro buen escaparate para el talento de Gael García Bernal y marca una transición exitosa de Roger Ross Williams hacia la narrativa guionizada.
Aunque el desenlace no es tan fuerte como el resto de la trama, todo lo que ocurre antes es lo suficientemente convincente, lo que hace que sea sencillo recomendar esta película.