Basada libremente en la vida de un amigo del director, plasma plausiblemente los difíciles jaleos y la ternura inexpresada de la vida familiar, aunque también ofrece fantásticos toques gracias a su trasfondo religioso.
La película de Lang es una maravilla descomunal, fusionando modernismo y expresionismo, art deco y espectáculo bíblico, ampulosidad wagneriana, marxismo sentimental y milenarismo religioso.