El guion de Rosso y Stellman es digno de mención por resaltar las vivencias de jóvenes negros marginados en una ciudad que anteriormente se retrataba desde una perspectiva blanca.
Es confusa y está poco desarrollada. Un buen reparto, liderado por Florence Pugh, se ve atrapado interpretando a unos personajes tan estúpidos que te dan ganas de darles un tortazo.
Las escenas son tan rápidas que no te permiten reflexionar. La abundancia de viñetas complica la existencia de una trama coherente o un desarrollo de los personajes.
La película está llena de emocionantes persecuciones y momentos de suspense, pero flaquea al intentar abordar el importante debate sobre problemas sociales que necesita ser mostrado.
Desde su espléndida ambientación a su agridulce romance, Meghie presenta una historia que nos alienta, independientemente de cuál sea nuestra procedencia, a confiar en el amor.