Puedo quejarme del inmenso tedio que me procura una historia frenética y llena de ruido, persecuciones y combates entre avatares. Y tampoco tiene el menor poder de conmoción la gente real.
Retrata a una señora muy tarada. Sin embargo, la forma en que se muestra su locura no genera momentos fascinantes. Al final, mi experiencia es la misma que al inicio, lo que me deja completamente indiferente.
Robin Wright ofrece una actuación excepcional, entregando una interpretación sobria y creíble de una persona que se apartó de la civilización. La narrativa refleja sensibilidad, haciendo que, aunque no sea una película sobresaliente, sí sea realmente digna.
La película capta la atención solo durante un breve periodo. Se presenta como una obra densa y poco impactante, intentando ser original pero fallando en su ejecución a lo largo de toda la trama.
Todo parece amateur en el tan bienintencionado como arbitrario guión, en su chapucero desarrollo en imágenes, en actores y actrices patéticamente limitados.
Lo que se narra es tan impactante que compensa las limitaciones artísticas de Costa-Gavras, quien pretende ser demasiado claro en su mensaje. A pesar de ello, es valioso que continúe revelando atrocidades del pasado, aunque su estilo se queda en lo aceptable.
Posee calidad, es angustiosa, a ratos hipnotiza. Devoro de un bocado sus cinco capítulos y me otorgan variadas sensaciones, agradecibles la mayoría de ellas.
Tengo la sensación de que es una serie descompensada. El talento de su creador me hacía esperar otra cosa. La veo y la escucho bien, pero no me deja huella.
Qué trilogía tan hermosa. Me enamoró directamente. Siento añoranza del cine que hacía este director tan lúcido y lírico como desasosegante. De las atmósferas que creaba, de su carnalidad, de su espiritualidad.
No comprendo el desamparo del niño que grita, su fuga no me provoca emoción y resulta bastante tediosa. Sin embargo, hay imágenes interesantes y las cautivadoras melodías de Karen O aportan algo. Pero al final, todo se siente como meras anécdotas, simples ornamentos de la falta de contenido.
Durante gran parte de la película, no puedo evitar sonreír. La propuesta de Curtis para el argumento de Yesterday es realmente original y extraordinaria, casi surrealista.
Tras un brillante preludio se desarrolla una historia de amor encantadora, divertida y cálida. Se presenta un romanticismo convincente, sin caer en lo empalagoso.
Binoche es una actriz con algo especial, pero su magnética presencia no logra evitar el aburrimiento que provoca 'Visión', una oda a la naturaleza de la hipersensible directora Naomi Kawase.
Jonathan Glazer capta de forma intrigante la vida diaria de los verdugos nazis en su película. Sin embargo, ciertos aspectos de su estilo visual, que parece demasiado elaborado y en ocasiones pretencioso, me generan cierta incomodidad.
Una película cautivadora y enigmática, presentada con diálogos que destacan por su inteligencia y genialidad, aunque la resolución de la trama resulta poco convincente.