No me siento conmovido por el sentimiento de muerte de gente que no me inspira ninguna simpatía. Pero no logro sacar de mi cabeza a esa silenciosa cría. Mérito del inquietante y despiadado Haneke.
Las expectativas de que vas a ver algo grande se acaban a los 10 minutos. A partir de ahí comienza una cadena de despropósitos, diálogos enfáticos, situaciones huecas, personajes que se convierten en involuntaria parodia.