Térmens presenta con gran habilidad las pequeñas desdichas del trío protagonista, desarrollando una trama urbana que acaba volviendo sobre sus propios pasos.
Es un sensacional canto a la desmesura. Todo ello se traduce en un entretenimiento de calidad, aunque no alcanza una fuerza estilística notable ni la profundidad esperada. Al final, se presenta como una evasión inteligente, aunque sigue siendo una mera distracción.
Funciona, el caso es que funciona. Cierto es que ha perdido frescura, se presenta como una comedia que va de desfasada, pero termina siendo solo traviesa.
La trama presenta una versión más sombría de James Bond, claramente influenciada por las adaptaciones de Batman de Nolan, explorando diversas subtramas que actúan como precuelas para el personaje.
Segunda entrega, mucho más desatada, eso sí, no arriesga sin embargo en el humor: basado en el equívoco cultural y la chanza verbal para parecerse más a la coña de 'Fuga de cerebros' que a su propio original.
La repetición de los mismos patrones de las comedias heterosexuales no aporta nada nuevo. A pesar de intentar normalizar una causa social valiosa, este esfuerzo se pierde y no logra ofrecer una propuesta original.
Una experiencia que combina elementos documentales, personales y ficticios, invitando a los espectadores a modificar su perspectiva y ampliar sus horizontes.
Documental de ritmo contemplativo que aborda la compleja integración de testimonios de expertos y precisas recreaciones históricas con actores, ofreciendo un reflejo sugerente de la realidad.
La obra de Iannucci resalta su afecto genuino por los personajes. Su enfoque más optimista también logra impactar, y la influencia de Dickens siempre agrega valor.
Brutal despliegue de recursos de una Anette Bening que es mejor cuanto más sibilina. Cine de otro tiempo: solventes actores al calor de un clásico universal.
La presentación es efectiva y la amplia gama de personajes enfrenta un complicado trayecto narrativo. A menudo repiten sus acciones, lo que hace que la trama se vuelva monótona en ciertos instantes.
Los árboles del envoltorio televisivo impiden a menudo apreciar el impresionante bosque de supervivencia extrema. Ha creado un espacio amplio para mostrar su naturaleza salvaje y atraer a quienes se acerquen, ya sea que conozcan o no las novelas.