Esta segunda entrega ofrece un entorno menos artificial y menos exagerado. Si se plantea la pregunta de si 'Ira de Titanes' supera a 'Furia de Titanes' (lo cual no es un gran mérito), se podría afirmar que sí, que quizás.
Spielberg logra que uno se olvide del cómic. Cada plano se asemeja a una caja de muñecas, una pieza maestra de orfebrería en la que el motion capture y el 3D evidencian que comienzan a desdibujarse los límites.
Spielberg consigue lo que parecía imposible: con una hábil ironía a los escépticos, su adaptación se siente justificada. Más clásico que el original de 1961, Spielberg rinde homenaje al mito.
La película parecía dirigirnos hacia una comedia alocada más, que se retrasaba en su ejecución (especialmente en los chistes relacionados con Kaká), pero de pronto logra encontrar un camino honorable.
Pase lo que pase, todo sirve para provocar risas fáciles en XXL. La película muestra una simplificación excesiva de ciertos comportamientos que no representan a nadie.
Una ficción muy bien documentada que ofrece una mirada cruda y sin concesiones. El filme se centra en lo esencial y presenta la denuncia más honesta del cine español reciente.
Visión comprometida y excesivamente bienintencionada que explora el aliento humano desde diferentes perspectivas, enfocando la cámara en el dolor y tratando de ofrecernos un rayo de esperanza.
Fiel a su estilo adusto y su enfoque en el humanismo social, Loach regresó al cine, enfrentándose a un estado kafkiano y logrando así la Palma de Oro, a la edad de 80 años.
Compensa con honestidad sus evidentes carencias. La falta de pretensiones se encuentra, al sur, con una despreocupación formal que puede ser interpretada por ojos indulgentes como audacia.
Filme de catequesis ligera que se conforma con que no confundamos a Dios con Papá Noel. La extraña lucha de opuestos que presenta no logra alcanzar la potencia de 'Camino'.