La tormenta sentimental treintañera perfecta en un vaso de agua. Retrato íntimo y naïf cuando la película se mira a sí misma y los personajes conviven en solitario con sus frustraciones, la película crece.
Esta segunda entrega ofrece un entorno menos artificial y menos exagerado. Si se plantea la pregunta de si 'Ira de Titanes' supera a 'Furia de Titanes' (lo cual no es un gran mérito), se podría afirmar que sí, que quizás.
Spielberg logra que uno se olvide del cómic. Cada plano se asemeja a una caja de muñecas, una pieza maestra de orfebrería en la que el motion capture y el 3D evidencian que comienzan a desdibujarse los límites.
Relato grave, de profundidad abisal en el plano político y social, pero también en un estadio moral, que es donde la película juega sus bazas más extremas.
Planteado como un ejercicio de estilo en torno al tiempo y la perspectiva, la película se ve afectada por su atmósfera de telefilme, aunque se sostiene gracias a sólidas interpretaciones.
Fincher no ha creado una obra maestra, pero se ha puesto el mono de creador para ayudar a universalizar aún más un personaje que ya es un icono moderno. El sello de autor es la diferencia.
Spielberg consigue lo que parecía imposible: con una hábil ironía a los escépticos, su adaptación se siente justificada. Más clásico que el original de 1961, Spielberg rinde homenaje al mito.
Pequeña road movie que lucha por salir, es un ejercicio de estilo que combina lo colorista con lo filosófico. La película nunca pierde su carácter y fusiona un tono intimista con un juego formal, sustentado por la naturalidad del joven Max Megías.
Trier logra un notable equilibrio al fusionar elementos sobrenaturales con una intriga psicológica que roza el terror. Sin embargo, su impulso por cerrar una línea narrativa puede sentirse como una limitación para un filme que anhelaba mayor abstracción.
La película parecía dirigirnos hacia una comedia alocada más, que se retrasaba en su ejecución (especialmente en los chistes relacionados con Kaká), pero de pronto logra encontrar un camino honorable.
Acostumbrado a articular soluciones narrativas de cierto calado en aspectos humanitarios, sociales y aventureros, esta vez el relato familiar se siente insuficiente.
Pase lo que pase, todo sirve para provocar risas fáciles en XXL. La película muestra una simplificación excesiva de ciertos comportamientos que no representan a nadie.
Entre largos silencios y cuidadosos encuadres, el tono frío de la película contrasta con la calidez que Drzymalska aporta a su entorno. Ella define los límites de lo que es humanamente soportable y logra gestionar la narrativa de la película con gran habilidad.