Thriller que, aunque pasional, carece de impacto. Presenta momentos algo cursis, así como un estilo visual que recuerda a Dick Tracy. Sus elementos, como las camisas con palmeras, aportan un toque peculiar, pero en general, no logra cautivar del todo.
Chulpan Khamatova deslumbra con su habilidad actoral. El elenco, lleno de personajes cuidadosamente elaborados, aporta una energía intensa y peligrosa a la trama, haciendo que cada escena se sienta viva y emocionante.
Más allá de su compromiso con la verdad, el filme destaca por su estilo cautivador. Se percibe una atmósfera de amenaza constante, característica de los grandes del cine político de los años 70.
Con una influencia europea y fusionando el noir nórdico con el estilo frío característico de David Fincher, la historia logra mantener la intriga. Se trata de un thriller político con un enfoque estético notable.
Contundente, Popescu extiende los planos y la duración del filme, mostrando con minuciosidad el desconcierto creciente del protagonista. Es otra entrega notable del cine rumano.
Sigue la misma senda que transita su protagonista. Igual que ella, la película da vueltas y más vueltas alrededor de la misma idea. Sin embargo, esto refuerza la identidad de la película.
Davaa muestra una vez más que la simplicidad se adapta mejor a la poesía que las pretensiones. La representación de la familia protagonista es auténtica y genera una sensación de tranquilidad que resulta agradable.
Archibugi sabe crear un melodrama sólido. La película avanza de manera fluida, evitando el sensacionalismo del sufrimiento típico del sur, gracias a la elegancia de los encantadores Favino y Bejo.