«El poder del dinero» se desarrolla de manera decepcionante. No ofrece sorpresas, a pesar de que el director intenta presentarlo como una crítica a la avaricia de los ejecutivos sin escrúpulos.
Esta producción tiene una estética propia de las series B y presenta una combinación divertida de diversas influencias. Hay varias escenas que logran destacarse por su calidad, y el desenlace es tan inesperado que resulta casi cómico.
Con una atmósfera encantadora, esta película nos ofrece una exquisita colección de disparates ingeniosos, con un humor que a veces roza lo absurdo y lo irrespetuoso. Es un verdadero deleite cinematográfico.
Tres historias se entrelazan de manera interesante. Las magníficas viñetas de Giménez añaden valor al metraje, siendo lo más destacable de una película que evidencia su limitado presupuesto.
No es una obra maestra, pero logra mantener el interés y evitar algunos clichés comunes. Aunque en ocasiones, también tropieza en ciertos lugares comunes.
El primer trabajo de Celia Rico está lleno de sensibilidad y una narrativa inteligente. La película es un conjunto de pequeños pero significativos momentos, lo que demuestra la grandeza de la dirección de Rico.
El coqueteo entre el cine de Woody Allen y el estilo francés deja a Mar Coll con una película que se encuentra en un punto intermedio, resultando en un filme que se pierde en reflexiones y se entretiene demasiado en su propio universo.
El director logra transmitir un profundo impacto emocional a través de su estilo narrativo sutil y delicado, creando una atmósfera que, aunque frágil, resuena intensamente con los espectadores.
Hay reuniones muy tensas, junto a momentos divertidos y otros muy emotivos. Lo más destacado es su increíble elenco de actrices, con una Carmen Machi siempre impactante.
Una película francesa que destaca por su elegancia contenida y por la actuación precisa de su elenco. Sin embargo, adolece de una previsibilidad que oscurece la tragedia, lo que le resta realismo al drama presentado.
Nos encontramos frente a una historia cargada de emoción y sentimientos complejos, destacando un extraordinario actor que se presenta totalmente expuesto, tanto física como emocionalmente.
El remake de "Mis queridísimos hijos" logra superar a la versión anterior, aunque no es una obra maestra. Destacan sus talentosos protagonistas y varios secundarios que aportan inspiración a la trama.
Qué maravillosamente está narrada esta cómplice relación entre ambos protagonistas, con cuánta naturalidad el espectador comienza a entenderlos. Lo mejor: Unos excelentes Biscayart y Brunnquell.
Posee en su interior el pequeño germen, la pequeña promesa de un director interesante en ciernes, el problema radica en la excesiva frialdad de la película.
Una película con un presupuesto muy limitado que, si hubiera mantenido el tono humorístico del inicio durante toda su duración, probablemente habría atraído a más seguidores.