Vera es como hacer zapping entre 'Hot Fuzz', un drama incómodo de Michael Douglas de principios de los 90 y las secciones más exageradas de 'Interstellar'.
Es una película que no logra cumplir su objetivo de manera efectiva. Los eventos resultan ser poco sorprendentes y se presentan de forma titubeante. Además, el blanco y negro tiene un aspecto deslucido, mientras que las salpicaduras de color y sangre parecen de baja calidad.
Es una aproximación conmovedora y franca a la soledad de la fe, así como a la falta de fe, cuyos horrores resultan extraños en contraste con la preciosa producción.
'Grease' ha envejecido de manera notable. Su carácter atemporal y su estructura anticlimática, casi telenovelesca, la convierten en una película muy accesible y disfrutable.
En general, resulta un poco excesiva y prolongada. Sin embargo, lo que tenemos es un jamón curado con miel, algo confitado y lo suficientemente sabroso para disfrutar un buen rato.
A pesar de sus virtudes, 'Still Alice' no logra capturar plenamente la verdadera tragedia del Alzheimer. La película perpetúa la idea de que la enfermedad resulta únicamente trágica cuando afecta a personas jóvenes.
Todo en 'Furious 7' es extragrande, desde los actores hasta el metraje dedicado a la destrucción urbana. Hay que felicitar a Diesel y compañía por un viaje que consigue ser disfrutable incluso en las peores circunstancias.
La directora acierta al infundir a su historia un sentido de urgencia, resultado de un ágil y sólido trabajo de cámara, además de la brillante y medida actuación de Carey Mulligan.
Los primeros 20 minutos son una desconcertante delicia: un noviazgo a una edad tardía que es más romántico y convincente de lo que uno podía esperar. Colin Firth ofrece una interpretación de gran complejidad emocional.
Foster da vida a Armstrong de manera excepcional. La película presenta ciertos fallos, pero se desarrolla como un relato ágil y dinámico sobre un engaño. Frears opta por ser implacable en su enfoque.
Turturro ha otorgado a Allen su mayor y mejor oportunidad en años: el papel fue creado especialmente para él y está repleto de posibilidades, con sus tiernos lamentos y sus ingeniosas payasadas.
El golpe clave de Whedon radica en haber dirigido una excelente versión de la obra. Su oído para la comedia es notable; abandona estratégicamente los gags que no funcionan y demuestra habilidad para las ocurrencias y el deseo de utilizarlas.