Es vibrante y caótica, no subestima a los jóvenes, tiene una estética impresionante, y su banda sonora es perfectamente concisa, además de ofrecernos una nueva versión de April O'Neil que nunca habíamos presenciado.
El director Bryn Higgins demuestra tener un buen entendimiento de la cultura juvenil. Sin embargo, la película no logra mantener la misma intensidad en su ritmo y narrativa.
Lena Dunham y Stephen Fry no logran rescatar este enrevesado drama familiar sobre el Holocausto, que se siente desbordado por personajes mal desarrollados y sin una clara definición. Es una experiencia que deja mucho que desear.