El ritmo y la acción son impresionantes. La película ofrece una cantidad notable de violencia, lo que la convierte en un relato con profundas implicancias morales; además, la actuación de Arnold es sobresaliente.
La trama plantea una inquietante interrogante sobre el alma y la esencia de lo humano. Sin embargo, esta exploración se eclipsa en favor de un drama judicial que, aunque satisfactorio, no profundiza en su potencial filosófico.
Vilmos Zsigmond aporta su característico y exquisito estilo visual, aunque el desarrollo de la narrativa se siente estático, como un río cuyas aguas no fluyen.