La secuela de Scott se sitúa en un término medio, sin llegar a ser inolvidable pero tampoco es un fallo total. Es recomendable ajustar tus expectativas para disfrutarla plenamente.
Las películas de terror cortas suelen ser excelentes, sin embargo, esta resulta ser excesivamente breve, lo que le da una sensación de vacío e incompletud, como si le faltaran escenas imprescindibles.