Definitivamente, quiere atesorar lo que dejó atrás Carlin. Lo logra ampliamente y cuatro horas escuchando a George Carlin son cuatro horas bien empleadas.
No es un fiasco total, pero está mucho más interesada en tratar de entender a Mike Tyson y las cosas que ha admitido hacer que en representar esas cosas y dejar que el público saque sus propias conclusiones.
Tan exhaustivo y sustancioso como uno espera. Su efectividad se debe al profundo análisis que realiza de su escritura, examinando casi cada texto en detalle.
Seis episodios de media hora que alternan momentos de gran percepción con otros de marcada introspección, en ocasiones presentan innovaciones artísticas y en otras se muestran más convencionales.
Este último intento de ofrecer una descripción reveladora, aunque autorizada, de la vida de Christopher Wallace padece, sin llegar a ser devastador, de la incapacidad para mitificar o humanizar al hombre de una manera superior a cómo él se presentó a sí mismo.
La película se siente apresurada, carece de profundidad y es bastante inofensiva. Ofrece información superficial, rara vez sorprende y, a pesar de lo que sugiere el título, resulta poco provocativa.
El uso del lenguaje visual típico de la telebasura, con reconstrucciones poco sólidas, un montaje frenético y una banda sonora excesivamente emotiva, resulta en dos horas de contenido que no logra superar esas expectativas.
Incluye mucha música de Moby, pero no ofrece revelaciones sobre su creación. Incluye muchas charlas sobre sus diferentes declives, pero no indaga en las causas.
Por un lado es una exploración provocativa y complicada del rol de la raza en la carrera política de Obama y por otro una biografía mal documentada, convencional y genérica.
Debo confesar que para mí es un formato que no funciona con consistencia, porque rompe las diferencias entre documental y docudrama escrito, y no desarrolla los puntos fuertes de ninguno.