Es repulsiva, tal como sugiere su premisa, y posiblemente aún más. La película se presenta como una pesada y ruidosa máquina de culpa, que explota de forma sistemática la vulnerabilidad de Nicky.
Las actuaciones impactantes que Mackendrick logra de su elenco, junto con un enfoque de cámara subjetivo, dan lugar a una de las raras películas del cine británico que demanda una conexión emocional profunda.
El documental de Penelope Spheeris acerca de las bandas de heavy metal en el rock 'n' roll sorprende con su ingenio, superando las expectativas que deja su título.
Cagney se presenta como el héroe más inestable en el cine negro, pero la dirección dinámica de Walsh logra que lo apoyemos hasta el impactante desenlace. La película resulta agotadora pero, a la vez, brinda una sensación de alegría peculiar.
La secuencia de la huida refleja una complejidad espacial similar al atraco de 'Rififi' de Dassin, aunque su tono es más intenso, oscuro y cargado de suspense.
El guión de Graham Greene se enfoca en el momento en que un niño se enfrenta al pecado por primera vez, pero la visión del niño queda relegada a un segundo plano, priorizando estructuras de suspense comunes y un desenlace de novela policíaca que resulta predecible.
A pesar de la simplicidad en la dirección, Lyne logra crear una cierta tensión erótica entre los protagonistas, haciendo que su relación obsesiva se sienta auténtica, a pesar de que muchas de las situaciones y escenas resulten absurdas.
Al final, no se centra en la atracción entre dos individuos, sino en cómo el espectador se enamora de la imagen y en las complejas interacciones que ocurren entre el público y la pantalla.
Tomei logra una actuación impresionante, destacando por su claridad y viveza. Su papel seguramente dejará una huella más profunda que la propia película.