Fiennes opta por no intervenir demasiado, dejando que Zizek brille. Este último se convierte en el centro de atención, presentando sus ideas de manera clara y atractiva, complementadas por un uso ingenioso de material de archivo.
Myers transmite en su debut cinematográfico la misma vitalidad que solía mostrar en sus primeras comedias, aunque en esta ocasión parece que ha excedido el límite.
Las risas que se producen en esta historia, y son numerosas, se centran en el personaje de Amir, un promotor con la habilidad de falsificar casi cualquier cosa, hasta que se enfrenta a una situación donde no puede hacerlo.