Tolerante y optimista, un poco maliciosa pero no demasiado subversiva. Está bien hecha y pocas veces se detiene lo suficiente para fijarse en sus pequeños fallos.
Posee diversas personalidades y sorprende al espectador con chistes ingeniosos, aunque también abunda en estereotipos propios de las películas de mafia de los años 70.
Emocionante en sus grandes escenas de juego, pero excesivamente monótona en el dramatismo, anotará algunos puntos rápidos en la taquilla y luego se desvanecerá rápidamente.
La cautivadora sonrisa de Dennis Quaid y las encantadoras piernas de Kathleen Turner son dos de los mayores encantos de esta exitosa comedia. Además, cuenta con un brillante guion que complementa perfectamente las actuaciones.