Ambos personajes experimentan un profundo dolor existencial, pero Desplechin demuestra, como es habitual en su trabajo, que el individuo forma parte de un sistema más amplio y se encuentra rodeado por la abrumadora vastedad de la vida.
Una obra profundamente personal y cambiante. Hay veces que la duración de la película parece más una obligación que algo justificado, por el escaso número de acontecimientos que se desarrollan.