Quintana ofrece un aspecto visual impactante en su filme, mientras que Sheen brilla en su reflexión sobre la delgada línea que separa los milagros de las tragedias. Sin embargo, la película no logra sumergirnos completamente en su narrativa.
Es una distracción agradable. Mastretta logra buenos resultados con su concepto bilingüe, sin que se sienta forzado, lo que nos permite disfrutar de las dos realidades de Clara.